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Cristina Umaña: coleccionar olas entre congresos y viajes

Desde que se subió por primera vez a una tabla, en septiembre de 2021, el surf y otras disciplinas acuáticas comenzaron a ocupar un lugar especial en sus viajes y en su tiempo libre.

Cristina Umaña: coleccionar olas entre congresos y viajes

Crédito: Henry Salinas, @slow_motion_henry

Por Claudia Pérez

Para Cristina Umaña (Umaña y Asociados, Guatemala), el mar se convirtió en mucho más que un escenario para desconectarse del trabajo. Desde que se subió por primera vez a una tabla, en septiembre de 2021, el surf y otras disciplinas acuáticas comenzaron a ocupar un lugar especial en sus viajes y en su tiempo libre. Hoy, entre surf, Stand Up Paddle (SUP), wakeboarding, windsurfing y flowboarding, encuentra en el agua una combinación de adrenalina, concentración y calma.

El primer encuentro con las olas

Todo comenzó durante unas vacaciones con una amiga en Sayulita, México. El 15 de septiembre de 2021 tomó su primera clase de surf y descubrió una sensación que la atrapó desde el primer intento: conseguir ponerse de pie sobre una ola.

Desde entonces, el surf se transformó en un desafío recurrente. «Cada ola es diferente y me ayuda a estar presente en el momento, a vencer mis miedos y a controlar mis nervios», cuenta. El SUP, en cambio, le ofrece una experiencia completamente distinta. «Me da mucha calma; me sirve para reflexionar y descansar».

Esa combinación explica por qué ambas disciplinas son actualmente sus favoritas. Mientras el surf la impulsa a superar retos, el SUP le permite bajar el ritmo.

Una pasión que viaja con ella

Su afición también encontró una forma natural de integrarse a sus viajes profesionales. Muchos de ellos están vinculados con congresos y encuentros internacionales de propiedad intelectual, y Cristina comenzó a buscar oportunidades para entrar al agua allí donde las agendas y las condiciones lo permitieran.

La experiencia empezó en un evento de AIPPI en El Salvador, con un viaje a Surf City. Después llegaron Tamarindo, durante ASIPI Costa Rica; SUP en Maracaipe, Brasil, durante ABPI; una clase de surf en San Diego, durante INTA; y otra en Punta del Este, después de ASIPI Buenos Aires.

«Después de eso empecé a buscar la forma de practicar una actividad acuática en cada destino que lo permitiera», explica.

Ha surfeado en México, Costa Rica, El Salvador, Estados Unidos y Uruguay, mientras que en Brasil optó por el SUP debido a que las condiciones de viento no permitían surfear. Antes de entrar al agua, sin embargo, procura conocer el lugar y sus particularidades. «Tomo clases de surf con locales, que conocen mejor la marea.»

Amigos, viajes y alguna que otra caída

En sus recuerdos, el deporte aparece estrechamente ligado a las personas con quienes comparte esas experiencias. En Punta del Este, por ejemplo, su amiga Xime Picón se ocupó de encontrar una academia que pudiera ofrecerle clase, tabla y traje de neopreno. En Tamarindo, Glori Cobb, Alejandro Pacheco y Gabriel Jiménez hicieron lo posible para llevarla a surfear.

También hay espacio para situaciones menos planificadas. En Maracaipe, su amigo Jean Carlo Costa dudaba de que el SUP fuera una buena experiencia, hasta que el atardecer terminó por convencerlo. Y en Guatemala, durante una salida en kayak con sus amigas Blanquita Mejía y Nancy Nufio, un inesperado choque entre las embarcaciones y su tabla de SUP terminó, por fortuna, sin caídas y con muchas risas.

No todas las disciplinas, sin embargo, han resultado igual de sencillas. El flowboarding y el surf han sido los mayores desafíos por la técnica y práctica que requieren. El wakeboarding ocupa el otro extremo: «La más divertida ha sido el wakeboarding, porque vas disfrutando con amigos en la lancha».

Lo que el mar también enseña

Con el tiempo, Cristina encontró paralelismos entre su afición y su trabajo en propiedad intelectual. El surf requiere observar, esperar, reaccionar y adaptarse constantemente a condiciones que no siempre pueden controlarse.

«El surf exige equilibrio, concentración y adaptación constante, y en propiedad intelectual pasa igual: hay que cuidar cada detalle y cada plazo, y adaptarse a los cambios», señala.

La comparación también se extiende a los momentos de presión. Mantener la calma ante lo inesperado, esperar el momento adecuado y volver a intentarlo después de una caída son aprendizajes que trascienden el deporte.

El mar, dice, le ha enseñado especialmente a tener paciencia y a no darse por vencida. Pero también a soltar. «He aprendido a dejar de tratar de controlar absolutamente todo».

Siempre hay una próxima ola

Aunque vivir lejos de la playa hace más difícil mantener una práctica constante, Cristina quiere seguir perfeccionando su surf. Entre sus próximos desafíos están probar el bodyboarding, el esquí acuático y el hidrofoil o foilboard, además de regresar a un surf retreat de la academia El Ride, en El Paredón, Guatemala.

Y ya tiene un destino en mente para un viaje dedicado exclusivamente al agua: Marruecos. Le atrae la idea de probar sus «baby waves», olas que imagina ideales para disfrutar y seguir aprendiendo.

A apenas cinco años de aquella primera clase en Sayulita, su relación con el agua no deja de crecer. Los desafíos cambian de una práctica a otra, aunque todos convergen en una misma experiencia.

«Cada deporte en el agua me enseña algo distinto, pero en todos encuentro presencia, equilibrio y paz».

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